luisEn una boda que celebraban unos amigos a la que estaba invitado, vi la posibilidad de hacer una foto que ejemplificaba la unidad de esa familia. El encuadre se inspiraba en aquel cuadro de Genovés conocido como El abrazo, símbolo de la reconciliación y solidaridad entre los españoles que vivimos de cerca la Transición allá por el año 1976.

    Mi “abrazo” recogía la actitud de parte de una familia que de frente a un grupo de personas, espontáneamente se ciñen de la cintura. Ahí están representadas tres generaciones en torno a los cabezas de familia y es una muestra más de que la imagen tiene un significado que trasciende de la mera postura. Postura no es lo mismo que postureo, o impostura.

    En la postura, el protagonista se supone que es consciente de que al posar, su imagen reflejará su grado de satisfacción o alegría por el momento. Puede ser que esté aparentando lo que no siente, con lo que estaremos ante un ejemplo de fingimiento, adoptando una pose que no es auténtica, o bien cayendo en la impostura, sin más.

    Cuando llevo más cincuenta años haciendo fotos, puedo decir que he visto comportamientos de casi todo tipo, y la experiencia corrobora que aquellos niños de ceño fruncido, gesto hostil hacia la cámara desentendiéndose de la trascendencia del momento, incluso acompañando su fastidio regalando una mueca de desagrado, sacando la lengua o volviéndose de espaldas, de mayores han seguido actuando igual. Las generalizaciones tienen sus excepciones, obviamente.

    La proyección de la imagen gestual tiene su explicación en sicología. Podemos justificar la mueca consciente pensando que un mal día lo tiene cualquiera, pero si se repite durante años es que algo esconde. Es como ese amigo que lo has fotografiado cientos de veces a lo largo de docenas de años, con un cigarro en las manos y, que el día menos pensado nos sorprende desagradablemente con el anuncio de una enfermedad relacionada con el hecho.BODA

    Una madre abraza a su hijo adolescente y lo mira arrobada comiéndoselo con los ojos. El hijo, algo indolente por ese desdén innato de la juventud en la creencia de ser merecedor de todo, se apoya en el hombro de la madre y la mira en este caso también sonriente y divertido. Esa misma madre posa alegre y desenfada, elegantemente vestida en el puerto de Almería poco antes de iniciarse la Guerra Civil. Blanco sobre negro. Pero siempre en positivo.

    El abrazo”. Instantánea del autor en una boda del año 2016

    En otra familia se suceden dos instantáneas seguidas. Es un momento que podemos considerar casi “histórico”. Casualmente a pesar de intercambiarse las posiciones, solo uno de los miembros aparece abrazado a cualquiera de los otros que permanecen en posición de introversión gestual –si se me permite el palabro–. En un caso los brazos están cruzados, en otro colgando o metidos en los bolsillos. El desinterés es evidente.

    Finalmente, apuntar que tampoco es cuestión de llegar al extremo de aquella pareja del papel rosa que cuando se enfrentaba a una multitud de cámaras que los acosaban, él decía en murmullo bajo dirigido a su pareja:

    * ¡Dientes, dientes!

    La procesión iba por dentro y a pesar de la impostura, todo el mundo sabía que estaban maldiciendo a medio mundo. Eso sí, entre dientes.

    Nota: Homenaje y recuerdo a mi madre a los 30 años de su desaparición.

    La Torrecilla, 16 de abril de 2017

    Luís Martínez Reche

     8 abril, 2017luis

    El caminante pertinaz, como la fina lluvia que acompaña la tarde del Domingo de Resurrección, asciende con paso  lento y respiración entrecortada por el camino engravillado que conduce a la parte más alta del cerro. Es su personal ascensión al Monte Gólgota. La meta no es poner un punto y aparte al largo camino transcurrido en el tiempo que inició su particular periplo  en un espacio que abarca más de veinte siglos,  donde en otro tiempo y lugar con  mejores condiciones físicas, no mentales, fue también en busca del paraíso.

    Al final del camino no le espera la crucifixión. Puede ser la historia insana de una ilusión machaconamente buscada. El punto y final a tanta noche de delirio que busca culminar el instinto de beber de  otros labios, otra boca, otro aliento y  finalmente recibir  unas palabras de consuelo  que reparen el ánimo y corazón maltrecho. No hay un Cirineo que tome el relevo y que ayude a soportar el peso de la ilusión vana. Solo la tenacidad y la consigna autoimpuesta de que resistir es vencer.

    Cuando tras cada recodo, el camino se empina y las pulsaciones suben rozando el tope permitido, el caminante  se detiene a contemplar el paisaje y recuperar la respiración. Las nubes vuelan bajas, como el aguilucho que plácidamente  deja las alas abiertas para que el viento lo lleve a su antojo. En la distancia se adivinan las viviendas, repartidas sin orden en contraste con el verde primaveral. La tarde se alarga, como las sombras que proyectan las nubes sobre la sierra. La fina lluvia se toma un descanso en sintonía y complicidad con el paseante.

    No hay testigos de la ascensión, ni la guardia romana para infligir más castigo que el del pensamiento. María Magdalena aparece en un recodo. Su sola presencia despeja los falsos nubarrones que inquietan el inminente encuentro.

    El diálogo, cálido, algo atropellado de la conversación pasa de un tema a otro a pesar de los dos mil y picos años. Los costurones que ha dejado el paso del tiempo y las cicatrices,  si no han existido, sí en cambio parecen bien suturadas por manos de cirujano experto. Hay corazones dañados. Hay un regusto amargo de baja estima personal que se refleja en la mirada desconfiada. Una falta de seguridad cuando la vista tarda décimas de segundos en desaparecer al enfrentarse las pupilas. Lentamente la boca se ensancha tomando aire, relajado el rictus. El aliento recupera el tono que cabe esperar entre dos personas que se reencuentran antes del esperado martirio. Jesús reclina la cabeza sobre el pecho de María y se siente reconfortado. Busca la  cercanía

    CRISTO

     de la mirada hasta sentir el calor del otro cuerpo. En la comisura de los labios deposita unas palabras de  agradecimiento. Bebe su aliento, trata de detener el tiempo, congelarlo y pensar que finalmente quince o un millón de días no es nada. 

    Esto es una carrera de fondo  donde lo que importa es llegar.

    La vuelta a la ilusión perdida crea la frustración de no poder culminarla, te devuelve la vida que creías  amortizada por inútil, pero al mismo tiempo genera simultáneamente el miedo a perderla, cuando antes sabías que podías darle una larga cambiada o un pase de pecho sin retorno.

                   

    Pazo en Vigo de Don Policarpo Sanz.

    Jesús resucita hoy según los creyentes, aunque hay quien piensa que Jesús, como la ilusión, nunca murió. 

    Alfredo Mar´tinez del Riquelme

    alfredo

     

    II  PARTE—A MI PATRIA QUERIDA

    Alzo mi voz sonora, un tanto apagada

    por el insolente sonido de falsos varones

    que siembran el mundo de torpes acciones

    dejando una huella, húmeda, flanqueada

    de la más lacerante de las situaciones

    Esta incompetente columna sedienta

    llena de ambiciones y torpes engaños

    no piensan ni repara siquiera en los daños

    y la frenética turba aún soñolienta

    nos arrastra al abismo desde hace ya años

    Se repite la historia ¡Qué desventura!

    no aprende este pueblo que la libertad

    sólo se gana practicando la verdad

    que la libertad se agranda con la cultura

    y se fortalece con la fe y la integridad

    Es la historia de los años ya pasados

    de los años de ceguera que llevamos

    conducidos por ciegos que aceptamos

    cegados por las ideas y atrapados

    en una tupida red que fabricamos

    Vienen a mi mente los años ya pretéritos

    de un tranquilo y apacible caminar

    y en las redes amorosas de los hijos reposar

    era el carro de los tiempos ya decrépitos

    que todos resignados nos complacía disfrutar

    Hace treinta años despertaron los desiertos

    que anidaban semiocultos en las áridas llanuras

    conservando su memoria, indolentes criaturas

    desnudando sus ideas en los espacios abiertos

    y llenando los ambientes de secretas amarguras

    Fue el despertar de un pueblo inmaduro

    azuzado por la hábil turba artificiosa

    de sofistas embusteros, cuya maliciosa

    finalidad era, sembrar en terreno seguro

    la lóbrega y burda idea perniciosa

    En el largo período del primer mandato

    no se conformaron con destruir la riqueza

    engañando al pueblo, dando con largueza

    queriendo demostrar al mundo con  este dato

    que sus corazones latían con cierta pureza

    Consistía su afán en al pueblo complacer

    necesitaban años para hacer lo que hicieron

    iluso pueblo en cuya alma prendieron

    el más desolador y obscuro anochecer

    en el que muchos por ignorancia cayeron

    Predicaban un eslogan altamente deleitoso

    cien años de honradez, salían de sus labios

    como la ciencia fluye de la boca de los sabios

    en un alarde de fantasía y deseo codicioso

    exigiendo altaneros, grotescos desagravios

    Entretanto que surgían los placeres de vivir

    aumentaban ambiciosos con deseo de dinero

    en los hombres arrogantes un orgullo altanero

    irreverentes, grotescos sin ideas del sentir

    envanecidos, ingratos sin perfil de caballero

    Y surgieron por doquier los livianos ideales

    una copiosa lluvia de osados rencorosos

    hicieron de las suyas como palomos piadosos

    llenando sus cuentas vacías con dineros a raudales

    Cien años de honradez les hacían muy dichosos

    Enarbolando el estandarte de una fe irredenta

    adoctrinan a este pueblo falto de inteligencia

    lo adormecen con engaños sin apenas resistencia

    y les cierran los oídos a la vecina tormenta

    en una profunda charca introducen su conciencia

    Todo es lícito, todo bueno, todo permitido

    es la máxima de su moral más fecunda

    y así al entendimiento y al sentimiento inunda

    de un convencimiento de que para eso ha nacido

    sin darse cuenta del abismo que les circunda

    Son los códigos de moral más triviales

    la bandera que acrisola su negra ideología

    el árido y frío erial del que tanto presumía

    convertido en lodazal donde hozan los chacales

    es el carro de los tiempos sin honor lo que les guía

    ¡Pobre pueblo!. Siendo tú de una raza tan bravía

    todo vigor y energía y todo frescura

    en el bregar de los tiempos todo tersura

    ¿Cómo te dejas llevar por una selva sombría

    da falsos aduladores de dudosa andadura?

    ¡Pobre pueblo!. ¿A dónde vas en solitario

    por esas boscosas montañas, nidos de inquietudes

    coronadas por almas de hielo, carentes de virtudes

    beodos los sentidos como espectros del calvario?

    ¡Déjame ayudarte a cambiar de latitudes!

    Durante doce años aguantamos el despecho

    de un sin número de uniformes holgazanes

    que vagaban pos las cumbres como auténticos patanes

    cometiendo toda clase de desmanes y cohecho

    sin que nadie ponga coto a sus lucrosos afanes

    Y así discurre el tiempo, y el crepúsculo

    de plata, va anunciando en la tarde fatigosa

    el final de una etapa, obscura, desastrosa

    pero el pueblo sigue aferrado al pedúnculo

    de una flor ya marchita de vida farragosa

    La Patria al borde del abismo, sin aliento

    acurrucada en la idea que los necios le marcaba

    preñada de tantas mentiras, se hundía, se alejaba

    se perdía en la maraña estéril sin talento

    en cuya falacia el síndico también participaba

    Y aquella Patria por la que muchos lucharon

    vilmente engañada por las burdas fantasías

    de partidos pretorianos de frenéticas algarabías

    convertidos en pastores de rebaños que cegaron

    con las desiertas ideas de alocadas rebeldías

    Vengo a decir y digo, que los fatuos mortales

    que se embarcaron en la desolada aventura

    de convertir a España en anárquica llanura

    encuentren un rincón donde esconder sus murales

    páramo estéril de una triste singladura

    Final de un mandato de negrísima memoria

    que dogó a este pueblo y lo convirtió en escoria

    haciendo aguas por doquier sin llegar a puerto

    transformando la fértil tierra en un gris desierto

    Esperamos que un día los juzgue la Historia

     

    Alfredo Martinez del Riquelme Alfredo Martínez del Riquelme, abre sus poemas donde late un corazon enamorado de  la vida y denunciando injusticias.

     

     

     

                              L  A     I  N  O  C   E  N  C  I Ainocencia perdida

    Es el estado sublime de la pureza

    donada al nacer al ser humano

    que por su divina grandeza

    la creó la sabia diestra mano

    rico don que el Cielo nos envía

    en aqueste resplandeciente día

    Tú, aúrea celestial de hermosura

    que inundas de belleza soberana

    el alma de esa pura criatura

    en el preludio musical de la mañana

    cuando emite sus vivos resplandores

    el astro rey revestido de colores

    © 2017 .Asociación Cultural CULTURA Y MUJER.

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